La calidad del aire ya no es sólo un desafío ambiental en las principales ciudades de Latinoamérica: también es un reto de competitividad para las empresas. Electrificar las flotas corporativas permite mejorar la calidad del aire urbano, reducir las emisiones de CO2 y bajar los costos de operación.

Cada año, cuando grandes ciudades como Santiago o CDMX enfrentan contingencias ambientales, la conversación pública vuelve a los mismos puntos: restricciones a la circulación y el impacto en la salud de millones de personas. Sin embargo, pocas veces hablamos de una realidad que representa una gran oportunidad para el sector privado: acelerar el avance del transporte eléctrico.

Transporte eléctrico en Latinoamérica: lo que ya logró el transporte público

En el caso de Chile, los avances son notorios y han sido destacados en todo el mundo. Hoy el 62% de la flota de buses de Red Movilidad, el sistema de transporte público de Santiago, es eléctrica, una transformación que ha permitido reducir en un 80% las emisiones de material particulado fino (PM2,5) de ese segmento, incidiendo directamente en la mejora de la calidad del aire para los capitalinos. El desafío es que ese avance todavía no encuentra un equivalente en el sector privado, donde miles de flotas corporativas continúan operando con motores a combustión.

Por su parte, México ha dado pasos importantes en materia de movilidad eléctrica. Hoy ya circulan cientos de autobuses eléctricos en sistemas de transporte público como Metrobús en la Ciudad de México, Mexibús en el Estado de México, SITEUR en Guadalajara y Metrorrey en Monterrey, entre otros proyectos que son prueba tangible de que la tecnología funciona, reduce emisiones de CO2, reduce el ruido urbano y mejora la experiencia del usuario. Pero, nos volvemos a hacer la misma pregunta, ¿qué pasa en el sector privado?

 ¿Por qué la calidad del aire es un desafío de competitividad para las empresas? 

En toda Latinoamérica hay miles de vehículos de reparto, flotas de operadores postales, flotas comerciales, unidades de servicio y transportes de personal que circulan cada día por las calles de los países con motores de combustión interna. Son activos que los flotistas administran de manera centralizada, con rutas definidas, patrones de operación conocidos y ciclos de renovación programados. En otras palabras, son precisamente el tipo de activos donde la transición a la electromovilidad puede tener más impacto. 

Hoy operar un vehículo eléctrico resulta significativamente más económico que hacerlo con uno de combustión. Un vehículo eléctrico puede representar un gasto mensual entre un 60% y un 80% menor para recorrer la misma distancia que uno a combustión. Cuando se considera el costo total de propiedad (TCO), incluyendo operación y mantenimiento, un vehículo eléctrico liviano puede resultar entre un 19% y un 25% más económico en un período de cinco a siete años, mientras que en los vehículos pesados esa diferencia puede fluctuar entre un 30% y un 40%.


A esto se suma una evolución importante del mercado. La oferta de vehículos eléctricos disponibles en toda América Latina continúa creciendo, ingresando más y nuevos modelos de furgones eléctricos y camiones eléctricos para flotistas de la industria logística, postal, de reparto y de transporte de pasajeros, donde la autonomía de los vehículos eléctricos ya cubre ampliamente las necesidades de la mayoría de los operadores de flotas y continúa aumentando con cada nueva generación de modelos. Junto con ello, la infraestructura de carga avanza de manera constante tanto en corredores públicos como en instalaciones privadas. 


Sumado a lo anterior, existe una tecnología cada vez más madura, que permite gestionar correctamente la energía, añadiendo telemetría vehicular que permite ir más allá de la ubicación y el kilometraje, monitoreando variables críticas específicas de los vehículos. En el caso de Latinoamérica, contamos con el Charge Management Software de Enerlink, una solución que actúa como el sistema nervioso central que conecta la flota con la infraestructura de carga.
 

¿Qué puede aprender un flotista latinoamericano de la experiencia internacional?

Las empresas que operan flotas en nuestro continente no solo deben mirar los avances propios, también deben mirar lo que ocurre en otros continentes. Por ejemplo, el reciente reporte de la International Post Corporation, que agrupa a los principales operadores postales de Europa, América del Norte y la región de Asia-Pacífico, menciona que los operadores postales de dichos continentes han reducido sus emisiones anuales de CO2 en un 41%, resultado que se explica en parte debido a que el 28% de su flota de reparto es eléctrica, alcanzando su meta de electrificación para 2030 con cinco años de anticipación. Además, reportan que el 38% de la electricidad utilizada en las instalaciones postales proviene de energías renovables. Todo lo anterior incide directamente en mejoras operacionales y reputacionales de las empresas que han decidido tomar la iniciativa en esta materia.
 

Conslusión

Los números de esta industria son una invitación a que las empresas se decidan a electrificar sus flotas, demostrando que ya no es solo una decisión ambiental. Es también una forma de reducir costos operacionales, aumentar la eficiencia y fortalecer la propuesta de valor frente a clientes, trabajadores y reguladores que observan con creciente atención las credenciales de sostenibilidad de las empresas.

Preguntas Frecuentes:

¿Cómo afecta el transporte a la calidad del aire?

Los vehículos a combustión emiten material particulado fino (PM2,5) y óxidos de nitrógeno (NOx), dos de los contaminantes que más deterioran la calidad del aire en ciudades como Santiago y Ciudad de México. Los vehículos eléctricos no emiten estos contaminantes por el tubo de escape.

¿Qué es el índice de calidad del aire?

El índice de calidad del aire es un indicador que traduce la concentración de contaminantes en categorías simples, desde "buena" hasta niveles de riesgo para la salud. En Santiago se usa para declarar episodios críticos, y en Ciudad de México el Índice AIRE Y SALUD sirve para activar contingencias ambientales.

¿Cuánto podría ahorrar una empresa al electrificar su flota?

Un vehículo eléctrico puede costar entre un 60% y un 80% menos al mes en energía que uno a combustión para recorrer la misma distancia. En costo total de propiedad (TCO), el ahorro va del 19% al 25% en vehículos livianos y del 30% al 40% en pesados, en un período de cinco a siete años..

¿Por qué los flotistas son clave en la transición al transporte eléctrico?

Porque administran sus vehículos de forma centralizada, con rutas definidas, patrones de operación conocidos y ciclos de renovación programados. Eso permite planificar la carga, calcular la autonomía necesaria y reemplazar muchos vehículos a combustión interna con una sola decisión.

¿Qué infraestructura y tecnología de carga necesita una flota eléctrica

Depende del tamaño de la flota, los kilómetros diarios y los tiempos de detención. La mayoría de las flotas carga en su propia base durante la noche y complementa con carga pública en corredores. Una buena planificación y contar con un software de gestión de carga permite definir y monitorear cargadores, potencia y cómo gestionar la energía.


Artículos relacionados

No te pierdas de nada, ¡suscríbete!

Tendencias, data, análisis y todo lo que necesitas para mantenerte al día de la electromovilidad.